SIEMPRE TENEMOS LA TENTACIÓN, PERO LA GENÉTICA Y LAS CIRCUNSTANCIAS
TERMINAN TOMANDO LA DECISIÓN.
En los
últimos años la infidelidad ha dejado de ser un tabú, incluso las 'relaciones
abiertas', en las que la exclusividad no existe, se hacen cada vez más comunes.
La infidelidad, ese monstruo que se esconde debajo de las camas matrimoniales
ahora anda campante por los corredores y nadise se molesta si quiera en
señalarla. La infidelidad es ahora cotidiana. (Lee también: 'Las mujeres
mienten mejor que los hombres': estudio de infidelidades.)
Según
estudios, las relaciones amorosas están condenadas a la infidelidad pues es
normal que al acabarse 'la novedad' en las parejas, llega una tercera persona
que hace que el interés se desvíe pues, según estos mismos estudios, el cerebro
humano no está programado para la monogamia. (Lee: Decálogo: cómo ser infiel y
no ser descubierto)
Infidelidad
por genetica
La aparición de las redes
sociales y las nuevas tecnologías han cambiado las formas de infidelidad.
Actualmente, es muy común que los amantes mantengan comunicación a través de
'chats' en sus teléfonos inteligentes. (Lee también: La infidelidad cibernética
duele tanto como la carnal, según estudio)
Incluso, existen sitios de
internet especializados en "encontrar infieles", lo que facilita que
las personas que tienen el mismo interés en tener una aventura o en mantener
relaciones paralelas se encuentren y se conozcan y cumplan sus fantasías. (Lee:
83,6% de las colombianas infieles concretan sus citas por celular)
Y es que hay expertos que
dicen que ser infiel puede ser sano en la medida en la que las parejas se
reinventan y oxigenan sus relaciones manteniendo el interés por más tiempo. Sin
embargo advierten que estas no pueden llegar a involucrar sentimientos pues
pueden crear conflictos al interior de la pareja.
En otros casos, la
infidelidad es causada por el abandono al que algunas personas someten a sus
parejas haciendo que ellas o ellos busquen sentirse queridos y recurran a otras
personas para compensar la falta de cariño o atención.
Las 'nuevas infidelidades'
Según un estudio realizado
por el Instituto sueco de Karolinska, en Estocolmo y publicado por la agencia
de noticias EFE, la infidelidad en los hombres proviene de un gen que influye
en el cerebro; quienes son proclives a la monogamia carecen de éste. Al parecer
el futuro de las relaciones de pareja está en manos de la biología.
La culpa de la infidelidad
de los hombres se debe al gen llamado alelo 334, que gestiona la vasopresina,
una hormona que se reproduce naturalmente, por ejemplo, con los orgasmos. (Lee:
Latinoamericanos son los que más buscan 'aventuras' extramatrimoniales)
Y es que el alelo 334 se
encarga del receptor de la arginina vasopresina, que es una hormona básica y
que está presente en el cerebro de la mayoría de los mamíferos, según esta investigación.
"Los hombres con dos
copias del gen tienen doble riesgo de experimentar conflictos en la relación y
divorciarse, en comparación con los hombres sin ninguna copia", explica
Hasse Walum, director del estudio.
"Las casadas con
hombres con una o dos copias del gen muestran un promedio de satisfacción más
bajo en relación con las mujeres unidas a varones que carecen de esta variante
", añade el científico.
El estudio también demostró
que este gen desempeña un papel mucho más notorio en el cerebro de los hombres
que en el de las mujeres, por lo que la investigación se centro más en el
género masculino.
El descubrimiento ha
provocado un debate sobre si se debe usar la genética para que las parejas
conozcan las posibilidades de que su relación sea exitosa. "Esta
información puede ayudar a un hombre y a su esposa cuando se casan",
afirma Helen Fischer, antropóloga de la Universidad de Rutgers, especialista en
amor romántico, para quien conocer los "puntos débiles" será útil
para superar futuros problemas.
Pese a impulsar el estudio
y destacar la importancia del gen, Walum sostiene que hay muchos otros factores
que condicionan el comportamiento de la vida en pareja. La cultura, la religión
y el origen familiar determinan también la actitud hacia la fidelidad.
El descubrimiento radica en
que “es la primera vez que se asocia la variante de un gen específico con la
manera en que los hombres se comprometen con sus parejas” , explicó Walum.
Este hallazgo, más allá de
excusar a los hombres infieles, se prevé que servirá en un futuro para ayudar
en la investigación de patologías caracterizadas por presentar dificultades en
las relaciones sociales como el autismo o la fobia social, indicó el
investigador.
